Jugadora World Padel Tour y monitora profesional: compatible pero duro

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Perder un partido en Murcia y montarme en un coche corriendo, sin tiempo a ducharme siquiera, para no desaprovechar el favor de unas compañeras que pasan por Valladolid en su coche de regreso a su ciudad. Con suerte, llegaré a media tarde a mi club y podré dar la mayoría de mis clases del día.

Esta es una de tantas situaciones poco glamourosas por las que pasamos las jugadoras de previas de WPT, especialmente las que trabajamos como monitoras y tratamos de compatibilizarlo con la competición.

Muchas veces, algunos de mis alumnos me preguntan que qué tal el viaje, que qué chulada eso de viajar y jugar el circuito mundial profesional… Y sí, es muy motivador y es una inmensa experiencia, pero no es ni mucho menos una vida sencilla ni cómoda.

Normalmente no tengo mucho tiempo para explicarles los detalles, por eso me gustaría compartir mi experiencia ahora. Cómo es la vida diaria y los días de competición en mi caso, que seguro que es muy parecido al de muchas otras chicas WPT.

Cuando no tengo competición, un día normal en mi vida consiste en levantarme pronto, entrenar físico, dar alguna clase matinal a mis alumnos, entrenar en pista, jugar partidos de entreno, comprar y preparar algo de comer, descansar un rato y salir a dar mi tarde de clases (de momento, 5 horas y media cada tarde, de 16,30 a 22h). Cena ligera y a descansar.

Cuando me duele mucho algo (siempre me duele algo, como a casi todos los deportistas profesionales, pero afortunadamente no siempre es un dolor incapacitante), tengo que encontrar hueco para ir al fisio y que intente hacer milagros en pocas sesiones (gracias a Javi Viaña, de Fisiovega, porque es un profesional excelente y su trato es inmejorable).

El tema de las lesiones o dolores forma parte de mi rutina cotidiana. Vivo de dar clases de pádel, es mi trabajo básico (son poquísimas las jugadoras que pueden vivir solamente de los premios WPT y sus derechos de imagen), así que tengo que seguir dándolas aunque tenga episodios de epicondilitis, epitrocleitis, tendinitis en tendón de Aquiles, sobrecargas musculares… No contemplo la idea de poder parar para que la lesión se cure con reposo. Tampoco tengo presupuesto para tratamientos permanentes de fisioterapia (recuperadores musculares, masajes de descarga preventivos, aparatos súper avanzados para recuperaciones exprés que los top WPT sacan en sus redes sociales), así que intento tomarme muy en serio la parte preventiva de la preparación física (tengo la suerte de ser alumna de Nacho Coque, una figura mundial en la materia) y apañármelas con estiramientos, rulo y remedios más caseros como envolverme la zona dolorida con alguna crema y film de cocina.

Cuando hay competición, salvo cuando tengo la suerte de que se celebre en mi ciudad, la cosa se “complica”.

Primero, hay que planificar cómo viajar. Cuando tienes la suerte de jugar con una compañera de tu ciudad, el viaje se hace más sencillo (se puede compartir coche o al menos ir acompañada). Cuando he tenido que ir sola, en muchísimas ocasiones esta temporada me he podido acoplar al coche de las hermanas Barciela, que pasan por Valladolid de camino hacia el sur (y menudas aventuras se pasan en su coche: pinchazos, averías…también mucha diversión, tengo que reconocerlo). Otras veces he conseguido salir desde Madrid con algunas otras amigas (tren de Valladolid a Madrid, Cercanías, y una vez que llego a su punto de salida… carretera y manta). A la vuelta, igual pero al revés. La opción de viajar sola en mi coche es la última que contemplo, por gasto y por el palo que da viajar en solitario.

Otro asunto a resolver (y financiar) es el del alojamiento. La organización de WPT solo proporciona hotel gratis a las jugadoras de cuadro final. Así que, si llegas a la ciudad del torneo para disputar la pre-previa, como mínimo tienes que pagarte alojamiento el lunes, y si pierdes al día siguiente y ya es tarde para viajar, el martes. Si juegas directamente previa, normalmente hay que hacer noche el martes. La opción de viajar el mismo día que juegas no siempre es viable (ni tampoco recomendable deportivamente para rendir lo mejor posible). Y cuando lo es… imaginad viajar- jugar- perder-viajar de vuelta.

A veces se consigue un buen hotel a buen precio, otras hay que tirar de hostal, otras un Airbnb compartido con otras jugadoras, alguna vez habitación con mi compi y su padre/entrenador…a veces tienes baño propio, a veces no, a veces las almohadas te doblan las cervicales…

Como acaba de publicar en sus redes una grandísima compañera y a veces rival, Carla Barciela, las chicas que jugamos estas rondas de WPT vivimos situaciones curiosas de las que nacen grandes amistades: viajar gracias a unas amigas que en el siguiente torneo son tus rivales por el sueño de entrar a cuadro, comer todas juntas en el “comedor social” de Ainhoa y Arzamendi, acumular gratitud que espero compensar en parte cuando hay torneo en Valladolid…

Otro asunto, probablemente el que más me preocupa, que hace que la vida de la jugadora-monitora no sea sencilla es el tema de qué pasa con las clases los días que tienes que estar fuera por viajar a competir. Los casos varían desde aquellas que cancelan clases esos días (y no cobran), quienes consiguen sustituto (y cobra el sustituto) o los afortunados que consiguen un favor (menos frecuente).  Es complicado debatirse entre lo mejor deportivamente (viajar días antes, aclimatarse, entrenar allí) y lo posible y viable desde punto de vista laboral (no perder muchas clases, perdiendo ingresos o dejando alumnos en cierto modo colgados) y económico (gastos de alojamiento, comidas fuera…). Ni todos los clubs ni todos los alumnos valoran igual la importancia del WPT, están en su derecho de desear contar con su monitor en el día que toca… Y es hasta un halago que lo exijan así. En mi caso, a pesar de las dificultades, hasta ahora he tenido bastante suerte: he contado con una sustituta de gran confianza, mis clubs y alumnos en su inmensa mayoría se alegran de que compita y siga aprendiendo en el circuito profesional y son muy comprensivos con mis ausencias.

En el caso de las chicas monitoras, se nos hace inevitable perder días de clase, al comenzar nuestras pre-previas en lunes. Los chicos comienzan en domingo, por lo que si caen en primera o segunda ronda aún llegan el lunes por la tarde a trabajar.

Cuando pierdo, mi primer pensamiento (más adelante con más calma analizaré el partido) y el de muchas compañeras es… “a ver si me da tiempo a estar para las clases de esta tarde”. Recoger a toda prisa, salir en coche inmediatamente o tratar de conseguir billete de tren o bus.

Llegar a mi ciudad directa a trabajar, sin deshacer el paletero ni pasar por casa, y sin tiempo para “llorar por la derrota” meterme a pista con toda la energía que tenga, porque los alumnos son lo primero y no merecen menos de mi 100%.

En este artículo trato de hacer pública esta otra cara de la moneda del circuito profesional, la que vivimos una gran cantidad de jugadoras para las que el pádel es nuestra profesión y las clases de pádel nuestra única o principal vía de ingresos.

En ocasiones, se consiguen sufragar parte de los gastos gracias al aporte de patrocinadores (si hay algún interesado en mi caso… ¡estaría encantada de escuchar opciones!). Pero para jugadoras de fases previas raramente cubren los gastos totales que esta vida supone: entrenamientos de pádel y físico, fisio, viajes, alojamiento, pérdida de ingresos por clases…Los premios de WPT para chicas por entrar a cuadro final en un Open han sido en 2018 170 euros.En octavos, 280 euros. Cuartos de final de un Challenger, 210 euros. Y, si no tenemos contrato con WPT (que en 2018 es la situación más frecuente en chicas de previas) solo tenemos alojamiento a partir de la entrada a cuadro.

¿Merece la pena entonces? ¿Por qué seguimos ahí? Fundamentalmente, en mi caso, porque me encanta y porque lo entiendo como una experiencia de formación.

Cada una tiene sus objetivos y expectativas: entrar a veces en cuadro, llegar a ser top10, top3… número 1… cada una es un mundo. En mi caso mi motivación básica es disfrutar de la experiencia mientras pueda, luchar por conseguir los mejores resultados posibles y sobre todo aprender mucho de cada faceta de este proceso. Soy profesional del deporte y del pádel, independientemente de los resultados, y es mi deber seguir formándome (a través de mis entrenadores: G. Pratto, Nacho Coque, C. Menéndez …, a través de las vivencias en competición, viajes, partidos…) para poder ofrecer lo mejor de mí a mis alumnos actuales y futuros.

Aunque ello suponga visitar media España pero apenas ver las ciudades, acumular km en el coche y las piernas y dejar la salud de mis tendones por el camino.

“Acabarás harta de tanto pádel”, me dicen algunos. Espero que no. De momento, ese día está lejano. Me sigue haciendo muchísima ilusión ver el streaming de las finales los fines de semana, y mi tradición para inaugurar la Navidad es viajar a Madrid para ver el Master Final (con mi entrada religiosamente pagada a precios que suben cada año).

Sarna con gusto…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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